El viaje sin fin del transporte valenciano en busca de más de 2.000 chóferes
Hasta Perú, donde se esconde una de las siete maravillas del mundo, han tenido que viajar las empresas valencianas de transporte y logística para encontrar … algo incluso más preciado en la actualidad que un tesoro: conductores dispuestos a trabajar. La falta de mano de obra es una de las principales preocupaciones en diferentes sectores…
Hasta Perú, donde se esconde una de las siete maravillas del mundo, han tenido que viajar las empresas valencianas de transporte y logística para encontrar … algo incluso más preciado en la actualidad que un tesoro: conductores dispuestos a trabajar. La falta de mano de obra es una de las principales preocupaciones en diferentes sectores de la economía valenciana y la llegada de trabajadores procedentes de otros países es una de las pocas alternativas efectivas que parecen funcionar por el momento. El ejemplo del transporte es claro. Según las estimaciones de la Federación Valenciana de Empresas de Transporte (FVET), la Comunitat tiene un déficit de más de 2.000 chóferes profesionales —1.000 en la provincia de Valencia, 600 en Alicante y 400 en Castellón—, especialmente para el transporte de mercancía por carretera.
Según explica Carlos García, secretario general de la patronal del transporte, se trata de un problema estructural que no solo afecta al funcionamiento y a la productividad de las empresas en el presente, sino que también amenaza con provocar una «situación de bloqueo» total en los próximos cinco o diez años.
«La edad media es muy elevada. Según nuestros estudios, la cifra de conductores menores de 25 años está cerca del 0,3%», argumenta García quien también considera que la única forma de poner solución a la situación es mediante la contratación de empleados procedentes de otros países.
Pero antes de llegar al último peldaño, que es el de la contratación, es importante analizar los motivos que han llevado al sector hasta esta situación.
En primer lugar, según explican desde el propio sector, se ha producido un cambio de mentalidad respecto al trabajo, liderado por las nuevas generaciones que acceden al mercado laboral. El bienestar personal es cada vez más importante y las empresas del transporte todavía tienen, según afirma Carlos García, trabajo pendiente en ese sentido. «Pasas mucho tiempo en zonas de espera, con tiempos muertos, fuera de casa, con un horario indefinido e incluso con jornada ininterrumpidas…», justifica García, que entiende que el trabajo de conductor puede «haber perdido atractivo» a medida que ha ido ganando peso otros aspectos como la conciliación.
De hecho, según las encuestas internas realizadas por las empresas pertenecientes a FVET, las cuestiones relacionadas con el propio desarrollo de la actividad, donde quedan comprendidos aspectos como el horario o la nocturnidad, era el principal motivo de desencanto por parte de los trabajadores.
Esas mismas encuestas sitúan en quinta posición, lejos de la cabeza, un aspecto tan importante en el mercado laboral como la retribución. Y es que el sector del transporte y la logística ofrece sueldos competitivos, que, por lo general no dejan descontentos a aquellos que están dispuestos a asumir el precio extra a pagar por ese trabajo. Es cierto que los salarios dependen mucho del tipo de transporte que se realice y la distancia que se deba recorrer. No obstante, los cálculos de la patronal sitúan en torno a los 2.200 y los 2.300 la retribución mensual que perciben los conductores. Eso sí, en la mayoría de casos con dietas ya incluidas, lo que disminuye la cantidad neta que entra en el bolsillo de los profesionales a final de mes.
Pero la problemática va más allá. Si bien las condiciones, tanto laborales como económicas, puede ser mejoradas por parte de la empresa, asumiendo esa posible reducción de beneficios, existe una barrera mucho mayor que dificulta la contratación de personal para trabajar en el sector del transporte.
Conseguir los permisos necesarios para poder conducir un camión es «una carrera de obstáculos» que solo están dispuestos a recorrer aquellos que «tengan pasión por trabajar en esto».
Solo para obtener los permisos de circulación necesarios (el B, el C y el E) se requiere un presupuesto de 4.000 euros y una gran habilidad al volante, además de una acreditación añadida –el Certificado de Aptitud Profesional–, que certifica que el conductor ha recibido la cualificación necesaria para ejercer como transportista profesional de mercancías o viajeros.
He ahí otro de los problemas: la obtención de toda esta ristra de acreditaciones conlleva una preparación y un largo proceso de prácticas y exámenes de conducción que no siempre son ágiles. De modo que aquellos profesionales que están convencidos de que quieren dedicar su vida a la carretera, los pocos que están seguros de ello, no pueden hacerlo hasta, como mínimo, los 25 años, cuando en otros sectores la edad de acceso se sitúa en los 18.
Ante este escenario, el transporte únicamente se convierte en un sector atractivo para aquellos que ya lo desempeñaban antes en otros países, aunque con peores condiciones.
Las empresas valencianas de transporte internacional fueron las primeras en detectar la falta de conductores hace una década. En aquel momento, la llegada de conductores procedentes del centro y el este de Europa fue masiva. Ahora, muchos de ellos han optado por regresar a su país con el dinero ahorrado, mientras que otros han optado por emprender sus propios negocios de mudanzas o transportes en distancias cortas.
De forma que las compañías de la Comunitat han tenido que ampliar horizontes para encontrar conductores. «Sudamérica es el principal mercado en el que estamos encontrado trabajadores, particularmente en Perú o Chile», comenta Carlos García. La existencia de convenios que facilitan la obtención de los permisos necesarios con territorios concretos como Sudamérica o Marruecos impulsa la llegada de profesionales que al sector le vienen como agua de Mayo.
Incluso ya existen empresas que se dedican a la captación de chóferes en países sudamericanos para su posterior traslado a España. «Se busca gente que en su país de origen tenga los permisos desde antes de 2009, porque solo necesitan una formación adicional. Eso nos está llevando a apostar por gente más mayor», explica el secretario general de la patronal, que es consciente de que la situación del sector puede ser mucho más crítica en unos años, cuando se produzca una jubilación masiva de más de la mitad de los profesionales del sector, ya que más del 50% de los conductores a profesionales de la Comunitat tienen más de 50 años.
La competencia interna dificulta la contratación
Entre las alternativas que maneja el sector del transporte para tratar de engatusar a nuevos trabajadores destaca una por encima del resto. «Tenemos una estrecha relación con el Ejército para que los profesionales que a los 45 años tienen que abandonar el servicio pasen a formar parte de nuestro sector», comenta Carlos García.
Sin embargo, ahí aparece otra de las problemáticas a las que tiene que hacer frente especialmente el transporte de mercancías. Aquellos que salen del ejército y continúan su carrera profesional vinculada al transporte suelen optar por trabajos con mejores condiciones a nivel laboral. «Suelen estar acostumbrados a otras condiciones y optan por empleos como gruista o director de tráfico», explican desde el sector.
Más allá del ejército, la búsqueda de talento en institutos ha aumentado en los últimos años. En Valencia, el Complejo Educativo de Cheste es el único que tiene grado medio de Conducción de Vehículos de Transporte en Carretera, por lo que es un lugar de referencia para las empresas valencianas del sector.
Sin embargo, la comodidad que ofrecen las empresas de transporte de pasajeros en comparación a las de mercancias inclina la balanza hacia el lado del sector autobusero. «Mucha gente se ha ido de las empresas de transporte de Valencia para trabajar en la EMT», indican.
Las ITV o los atascos en la V-30 y el by-pass tampoco ayudan
En el catálogo de cuestiones que desincentivan la llegada de nuevos profesionales al sector hay dos muy específicos en el caso valenciano. Por un lado, el estado de las principales vías de acceso a la ciudad y de conexión con puntos fundamentales para el transportes, como puede ser el puerto, provocan hartazgo, sobre todo en los profesionales que ya se encuentran dentro del sector. «Hemos detectado que uno de los motivos que llevan al abandono son los atascos permanentes en carreteras como el by-pass o la V-30», explica Carlos García, que considera que esa sensación de «estrés permanente» que produce conducir por las afueras de Valencia «también puede plantear dudas al que se plantea entrar en la profesión».
Del mismo modo, el modelo de gestión de las ITV valencianas, que en la última semana ha provocado un encontronazo entre la patronal del transporte y el Consell, también se cuela en la lista de cuestiones menores que no favorecen a hacer del trabajo de conductor una profesión atractiva.
La complejidad para pasar la revisión técnica con un vehículo industrial es tal que los camioneros valencianos optan por pasar la ITV en otras regiones, mientras realizan sus rutas. «Eso no es una solución. Hay muchos que operan aquí y no tiene sentido que tengan que irse a otras regiones», protesta García.
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